viernes, 21 de noviembre de 2008

EL ULTIMO MONTEVIDEANO

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El último tango Montevideano

“...y te dirán, sin duda, su fatiga
del amor fiel o la pasión mendiga,
su falta de esperanza o de sorpresa”

”Compañero del alma, compañero...” así terminaba el penúltimo capítulo del libro que estaba leyendo. El cielo estaba plomizo, una brisa fresca se colaba por la ventanilla.
Los ojos se le llenaron de lágrimas y no supo por qué. Tal vez por anhelar a ese compañero del alma.
A medida que los años transcurrían, las ilusiones se desvanecían más rápidamente. Como la piel gastada que se descama con el tiempo; al igual los anhelos se iban desvaneciendo. Dejando un sabor amargo en el cielo de la boca y un dolor punzante en el alma.
Se preguntó una vez más, cuáles serían los errores que cometía. Y continuaba sin encontrar respuestas.
Un frenazo repentino, la trajo a la realidad. De pronto le pareció que los transeúntes, se habían contagiado por las inclemencias del tiempo, grises, sin vida. ¿Ella también se vería así?
Salvo por el pañuelo rojo y rosa que llevaba puesto y le daba un tinte de color al negro de su atuendo, se sentía oscurecida.
Respiró hondo y decidió darle un giro a su cotidianeidad. Se bajo del autobús. No sabía muy bien en que lugar se encontraba.
A pesar que era el trayecto que hacía regularmente a su trabajo, hoy todo le parecía desconocido y extraño. Como si por primera vez estuviese transitando esas calles.
Quiso sentirse extranjera en su propia ciudad. Caminaba sin rumbo fijo.
Entro a un bar. Mientras esperaba que la atendiesen observaba a los parroquianos del lugar. Sentado en la barra había un joven de unos 23 o 24 años, bebiéndose un whisky, lo cual le llamó la atención dado la hora del día ya que supuestamente estaría en horario de trabajo.
El joven era alto, rubio de ojos claros, cabello largo, ondulado, tenía un cuerpo atlético.
Se sintió identificada con él, ya que ambos parecían ser los únicos que estaban de buen humor, disfrutando de la vida.
Se cruzaron sus miradas varias veces e intercambiaron tímidas sonrisas.
En un momento cuando ella levanta la vista, él ya no se estaba más. Una sensación de desconsuelo la embargó. Pidió la cuenta y decidió retirarse del restaurante. Cuando estaba saliendo del local, el joven vuelve a entrar, cruzaron una vez más sus miradas y ella se fue.
En la esquina mira hacia atrás y ve que la seguía; decide entrar en una galería a ver vidrieras y poder comprobar como el joven la acechaba.
La situación la divertía, a propósito se paraba delante de las vitrinas simulando observar lo que ellas exponían, pero su objetivo era contemplar lo que el joven hacia.
Le susurra al oído - que bonita eres - se da vuelta y se encuentra con su sonrisa una vez más. Lo mira, se ríe y continúa caminando.
Él a su lado, empieza a hablarle, le pregunta como se llama y si tiene tiempo para ir a beber un café y así poder conversar un rato.
Sin responderle, le extiende su tarjeta y se va. Al rato suena su celular. Quedo paralizada sin saber qué hacer. Era él. Atendió.
- Pensé que no ibas a contestar.
- Hola. Respondió.
- Estoy en el auto azul, estacionado en la esquina. Te espero.
En la esquina estaba el auto. Otra vez la duda, la pregunta recurrente. Qué es lo correcto y lo incorrecto. Cuántas veces se había sentido con la libertad de elegir, sin tener que dar explicaciones de sus actos a nadie.
Estaba allí, en el asiento del acompañante. Arrancó sin decir nada. Se dejó embriagar por la música del cd que sonaba y nada ni nadie existía.
- Una habitación doble, por favor.
- Aquí tiene, señor, habitación 1004.
- Gracias
Las miradas cómplices suplían las palabras.
Ya era de noche cuando se despidieron en la puerta.
Nunca le pregunto el nombre.
Tumbada en su cama, recordó el film El último tango en Paris.
El no era Marlon Brandon, ni ella Maria Schneider.
de la web...
recibido sin autoria.

SOY UN HOLOGRAMA


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Como la vida
viajo
mientras
vientos y destellos
comienzan
el proceso
Es mucho lo que arremolina
la carga
los electrodos
sus cuerpos olvidados
sus sudores
el toxico de su mirada
lejana
curtida en escondidas
Uno sabe tanto
para nada
uno lo sabe...
sin embargo una corazonada
se viste de nácar
pues uno no aprende
entonces surge el suspiro
dando danzas al aire
y me vuelo a lo libre
otra vez.


picamiel
octubre 2008


Soy un hológrama
esos que refractan la luz
debo ser rara
pues me volatizo
impensadamente
cuando menos quiero
Mis colores van del rojo
al violeta oscuro mente
como la fuerza
y el peso de los pétalos
te sigo buscando
no te hallo
ni mas allá
de lo astral
eres el desconsuelo
que sufre y tiembla
abandona el nido
pero ocupa en un instante
toda la belleza
mas el encanto.
Siento descubrirme
buscando una mentira
que la llaman Amor
mientras que los engañados
viven encandilados de soles
que inevitablemente
se extinguen.
Pero el Holograma
sigue fluctuando
y maravillando
he perdido el cuerpo
la razón
los ojos
la mirada
el movimiento
Soy esa alma
que lo habita.


picamiel
octubre 2008